A las 6 de la mañana salí de Limonar
con la columna, pasamos por Los Ciegos (una legua), extensa sabana. Bagá (dos
leguas), Santa Ana de Lleo (una legua), llegamos a las 11 a Lajas de Moran (dos
leguas) donde siempre [¿] es éste un buen potrero con tres pozos de agua dulce,
aunque no en muy buen estado. Esta situado a cuatro leguas de Santa Lucia donde
hay mucho ganado. En ese lugar tuvieron los españoles una magnifica trinchera y
al abandonarla llenaron los pozos de piedra, esqueletos de animales y también
algunos de hombres y niños[1].
La zona recorrida hoy no tiene aguas
potables en esta extensión y se compone en su mayor parte de grandes sabanas y
espinares. Es casi imposible operar por estos lugares sin caballería pues se
expone la fuerza a sufrir un fracaso, los españoles la traen siempre, aunque
de muy mala calidad pues casi nunca
resisten una carga de la nuestra.
En este lugar me reuní con el 1º
y 2º escuadrón a las órdenes del
Teniente Coronel Limbano Sánchez [que] estaba acampado en el punto.
[1] Aunque dada las características de
guerra irregular y que se desarrollaba en amplios espacios, era
imposible de forma sistemática el destruir los
medios de abastecimientos, los españoles cuando
lo consideraban efectivos, rellenaban los pozos. En periodos de sequías prolongadas
llegaron a ocupar aguadas con destacamentos, como ocurrió en Holguín en la
campaña del invierno de 1869
a 1870 contra Máximo Gómez.
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