martes, 20 de noviembre de 2018

Calixto García Iñiguez - Diario / 22 de febrero de 1874



A las 6 de la mañana salí de Limonar con la columna, pasamos por Los Ciegos (una legua), extensa sabana. Bagá (dos leguas), Santa Ana de Lleo (una legua), llegamos a las 11 a Lajas de Moran (dos leguas) donde siempre [¿] es éste un buen potrero con tres pozos de agua dulce, aunque no en muy buen estado. Esta situado a cuatro leguas de Santa Lucia donde hay mucho ganado. En ese lugar tuvieron los españoles una magnifica trinchera y al abandonarla llenaron los pozos de piedra, esqueletos de animales y también algunos de hombres y niños[1].
La zona recorrida hoy no tiene aguas potables en esta extensión y se compone en su mayor parte de grandes sabanas y espinares. Es casi imposible operar por estos lugares sin caballería pues se expone la fuerza a sufrir un fracaso, los españoles la traen siempre, aunque de  muy mala calidad pues casi nunca resisten una carga de la nuestra. 
En este lugar me reuní con el 1º y  2º escuadrón a las órdenes del Teniente Coronel Limbano Sánchez [que] estaba acampado en el punto.



[1] Aunque dada las características de guerra irregular y que se desarrollaba en amplios espacios, era imposible de forma sistemática el destruir los  medios de abastecimientos, los españoles cuando lo consideraban efectivos, rellenaban los pozos. En periodos de sequías prolongadas llegaron a ocupar aguadas con destacamentos, como ocurrió en Holguín en la campaña del invierno de 1869 a 1870 contra Máximo Gómez.

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