En:Fernando
Figueredo Socarrás. “La Revolución de Yara”, pág. 29
Madrid,
29 de mayo, 1883.
SR.
FERNANDO FIGUEREDO
Mi
querido amigo y buen compañero:
Miembro fundador de la Academia de la Historia de Cuba
Obtuvo el grado de Coronel en la guerra de 1868.
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Con
mucho atraso contesto su grata de 1ro de Marzo, debido a enfermedades que he
padecido y de las cuales no estoy aun completamente restablecido.
No
he recibido el número del El Yara a que Vd. se refiere, lo que no me admira,
pues aquí el correo es poco seguro y menos para los que como yo están
vigilados. Cuando quiera Vd. enviarme algo que le interese que reciba, diríjalo
a D. Juan Castellanos. Fuencarral 90-Pral. Izquierda, y así lo recibiré.
Nadie
está en mejor situación que Vd. para escribir la historia de nuestra Revolución[1]:
tan pronto en la Presidencia como al lado de los jefes militares, y querido por
todos, vio Vd. empezar a formarse el nublado que destruyó en un día nuestros
esfuerzos de tantos años.
Nadie
mejor que Vd. puede contar las heroicidades de algunos y las miserias de los
otros, las pasiones bastardas y las ambiciones de tantos que ya tenían por
seguro el triunfo y olvidaban combatir a los godos por hacerlo a sus
compañeros.
Pero
reconociendo en Vd. grandes dotes para escribir la historia de nuestra
Revolución, permítame que le diga que es tarea muy pesada la que se impone.
¿Podrá
el Coronel Figueredo, ayudante de Céspedes y amigo de los Generales Gómez,
García, Calvar, Díaz, etc., hacer justicia a todos, es decir alabarlos cuando
lo merezcan, para acusarlos severamente por las muchas faltas que cometieron?
Debe
Vd. hacerlo, que si de momento muchos creemos injustas sus acusaciones, al fin nos
convenceremos de que las merecimos, y sobre todo, tenga Vd. presente que Vd.
escribe para los que han de hacer la Independencia de Cuba y que a ellos debe Vd.
enseñarles los escollos con que nosotros tropezamos, para que los eviten.
No
tema Vd. acusarnos y pintarnos como fuimos, con nuestros grandes defectos y con
nuestras pequeñas virtudes. La posteridad dispensará los primeros y sólo
recordará las segundas, teniendo en cuenta que hemos sufrido bastante para
merecer el perdón.
Haga
presente mis afectuosos recuerdos a su familia y a todos los amigos de ésa, en
particular a Poyo y a su esposa y niñas, y Vd. reciba un buen abrazo de su
compañero y amigo.
CALIXTO
G. IÑIGUEZ
[1]
Esta carta de Calixto es respuesta de una de Figueredo en la que le pide su
opinión sobre su deseo de escribir la historia de la revolución cubana de 1868.
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