martes, 20 de noviembre de 2018

Calixto García Iñiguez - Diario / 28 de febrero de 1874

A punto estuve hoy de haber sufrido un fracaso de consideración. El Campamento de la Dichosa no me gustó pues además de no tener forraje tenía que poner muchas avanzadas para cubrirlo por lo que determine trasladarme al Pilón. Al efecto me adelanté con mis ayudantes, dejamos a Calvar encargado de la Columna. No bien había de llegar al Pilón, cuando me avisó mi ayudante que se veía fuego a alguna distancia por mi retaguardia. No dudé que sería con la Columna por lo que retrocedí a escape y en el camino encontré el parte de que la caballería enemiga había derrotado mi fuerza apoderándose de 20 mil cápsulas que conducían. Esta noticia me causó tal efecto que corrí al lugar de la acción con intención de hacerme matar si así había resultado[1].

Teniente Coronel Juan Rius
Afortunadamente poco más adelante encontré al oficial encargado de la custodia del parque que me dijo que lo había salvado todo. He aquí lo que pasó. Atravesaba la Columna la sabana del Ciego, a tiempo que una fuerza española considerable habiéndonos reconocido lanzó a la carga sobre mis infantes como 100 caballos. La rapidez de este movimiento hizo que en los primeros momentos se introdujera algún pánico en los cubanos; pero rehechos a la voz del Mayor Calvar, Teniente Coronel Riuz[2] y otros se apoyaron en un guamal y rompieron sobre la caballería tan certero fuego que los hicieron retroceder a escape a apoyarse en  su infantería. Avanzó esta durando la pelea como dos horas, a cuyo tiempo ordené la retirada de la fuerza tomando posiciones para esperar al enemigo, los que no se atrevían se a avanzar.









[1] Interesante razonamiento que hace Calixto de estar dispuesto a morir para no pasar por la vergüenza de haber perdido el parque. Si analizamos que unos meses después, en septiembre de se año, lo intento realmente podíamos preguntarnos si aquel fue un gesto muy individual de su forma de actuar y pensar o estaba en un trasfondo colectivo de los mitos heroicos creados por los insurrectos. Durante muchos años se afirmo y fue creído y aceptado como un gesto de valor que Carlos Manuel de Céspedes y Julio Grave de Peralta  se suicidaron para no caer prisioneros del enemigo. Un estudio, que no se ha realizado todavía, sobre las mentalidades de los mambises, quizás nos revelen matices interesantes sobre asuntos como este del suicidio que han tenido un peso importante en la vida política cubana.


[2] Juan Rius Rivera. Nació en Mayagüez, Puerto Rico, el 26 de agosto de 1848. Llegó a Cuba en la expedición del barco Anna. Estuvo en las filas mambisas hasta el final de la contienda. Combatió en la guerra de 1895 donde alcanzo el grado de mayor general. Falleció en Honduras el 20 de septiembre de 1924.

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