miércoles, 28 de noviembre de 2018

Calixto García Iñiguez - Criterios / Entrevista efectuadas con el Mayor General Calixto García en Madrid, octubre 17, 1880, referente a su opinión sobre los negros, autonomía, reformas arancelarias y tratados con América.



En: Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, Legajo 472, Número 50.
Al parecer publicada en New York Herald, el 1 de Noviembre de 1880. (Manuscrito)


Calixto García
Entrevista con el Jefe cubano en Madrid.
Sus opiniones sobre los negros, Autonomía, reforma arancelaria ytratados con América

Madrid 17 Octubre 1880
 Cualquiera que fuera a encontrar un capitán famoso en una guerra como la de Cuba, podía suponer que iba a ver algún sombrío fanático que solo pudiera compararse a una pantera acorralada. Es difícil imaginarse mi sorpresa al hallarme en presencia de un hombre bien vestido, de distinguido aspecto, cuya barba gris pudiera solo inducir a suponer que tuviera próximamente 50 años de edad[1]. Las maneras y correcto proceder del celebrado guerrillero pudieran haber sentado bien a cualquiera de los más escopetados salones de los grandes de Castilla; [él] se dirigía a la Sra. de la casa con toda la cortesía y galantería de un caballero criollo. Solo al volverse, una profunda y redonda cicatriz entre las cejas dio extraña apariencia a las facciones iluminadas por una agradable sonrisa. Esta terrible cicatriz se la infligió el mismo Calixto García en 1874 cuando fue hecho prisionero por las tropas del general Concha y prefirió suicidarse a ir a la cruel capilla y vil garrote que esperaban a la mejor partida los prisioneros de guerra de alguna nota. 
La herida era tan peligrosa que los cirujanos españoles pensaron que el jefe cubano no viviría y el general Concha lo indultó. Cuando el criollo se recobró fue enviado a España para ser encerrado bajo cerrojo y llave, y el gobierno del general Serrano lo trató bondadosamente en comparación a los sucios torreones de las fuentes de la Cabaña en que la humedad y la oscuridad hicieron morir más cubanos aun que los consejos de guerra del Conde de Balmaseda. 
Cuando tuvo lugar la restauración de los Borbones, Calixto García estuvo preso en varias fortalezas y finalmente en la de Pamplona. Transcurrieron dos años más y una mañana el ex-vice presidente de “Cuba libre” oyó un general listo, el Warwick que había hecho un rey, usando de halagos  y  promesas había decidido el más fiero jefe de la “manigua” a firmar el tratado del Zanjón. Calixto García se asombró casi tanto en Marzo, 1878,  de que iba a ser libre, como de oír que el General [Arsenio Martínez] Campos y los jefes cubanos habían estipulado la libertad para los negros que habían tomado las armas contra España mientras sus leales compatriotas, los pobres zambos de las plantaciones iban a continuar siendo las dotaciones de los hacendados y esclavos a los ojos de la ley. 
Calixto García enseguida supo en 1878 que podría ir donde quisiera, dejó a España por los Estados Unidos, pero nunca prestó juramento de fidelidad o hizo constar su aceptación a la pacificación del Zanjón. 
Es ahora asunto de interés histórico saber en esta singular entrevista si cooperó activamente en preparar el segundo levantamiento de Cuba, cómo se unió a los criollos cuando la lucha era casi desesperada, y cómo durante semanas y meses desafió las numerosas columnas y guerrillas del general Blanco en las montañas del Departamento Oriental hasta que, según el mismo confiesa, se rindió para no prolongar una lucha inútil perjudicial para su isla nativa.

Modesta actitud
Parece increíble que la atrevida, inquieta, entusiasta y fogosa naturaleza que tal carrera revela pueda ocultarse bajo la modesta y tranquila actitud que ciertamente conquista aún la simpatía de los extraños. 
Ni una palabra rencorosa para sus vencedores, ni una expresión de imprudente odio o cólera contra los adversarios que había combatido durante años, ni una exclamación de la amarga animosidad de los criollos para con los españoles se escapó de los labios de Calixto García en una conversación de cerca de tres cuarto de hora. Una vez, sólo al hacer notar la señora que visitábamos, maliciosamente, que él era una figura conspicua en Madrid y que también lo había sido en dos y podía serlo en una tercera lucha, Calixto levantó la cabeza con gran decisión y en ligero tinte de tristeza, haciendo notar que su vida activa había concluido, que todo lo que deseaba era cuidar sus hijos y que no tomaría parte en más aventuras que correspondían a hombres más jóvenes que él. Habló en muy encomiástico sentido del general Blanco y del trato que le había dado a él y otros cubanos que se habían rendido. Dijo que había encontrado mayor deferencia en el general Blanco que en Concha en 1874. 
Vagando en las montañas de los distritos de Santiago de Cuba y Remedios[2] pronto descubrió que la apatía de los negros y el cansancio de los blancos hacía su lucha desesperada, y entonces supo de sus amigos y simpatizadores en las ciudades que el general Blanco había ofrecido vida y libertad fuera de Cuba a los que se rindieran. Entonces ocurrió que se entregó con su pequeña partida en la inteligencia de que sería llevado a España y allí dejado en libertad.  
Fue trasladado directamente del Departamento Oriental en un buque de guerra que en la bahía de la Habana permaneció algunos días, donde vio a sus amigos y parientes antes de ser trasladado a Santander.
A su llegada a España el gobierno de Madrid no entendió completamente las condiciones concedidas por el general Blanco y de aquí su conducción a Cádiz y al Castillo de Alicante.  Allí se le trato bien hasta que habiendo sido consultado de nuevo, el general Blanco por telégrafo envió la petición de que se permitiera a Calixto García y a su séquito vivir en España en perfecta libertad conforme a su promesa.  El gobierno de Madrid accedió a lo pedido por el general Blanco y no sólo Calixto García sino su secretario y algunos otros cubanos han sido puestos en libertad. Hasta el gabinete ha telegrafiado al general Blanco que si él no encuentra inconveniente en ello, el gobierno del rey Alfonso desea mostrar su clemencia a todos los cubanos prisioneros en la Islas Baleares, en las fortalezas peninsulares y en los establecimientos del Norte de África por motivos políticos.
Su amor a la libertad
Calixto García lleva una vida solitaria, no tratándose más que con cubanos y algunos parientes con los cuales vive.  Aborrece la idea de que lo hagan un [...]o de ser repreguntado y no es fácil inducirle a dar su opinión sobre los asuntos de Cuba. Con todo no creo indiscreto decir que atribuye la quietísima manera con que los esclavos de Cuba se han sometido a la ley de lenta y gradual emancipación, votada por las Cortes el año último, al hecho de que todos los negros más turbulentos y más inteligentes se habían unido a los dos alzamientos y obtenido así su libertad bajó el tratado de Pacificación del Zanjón del general Campos.
El resto de los negros fue la buena y dócil mayoría que no podía hacer nada sin los ya citados elementos. Por otra parte, en el Departamento Oriental y Distritos desafectos, todos los negros se habían unido a la rebelión o sido emancipados por sus propietarios como medida de precaución. A estas razones atribuye Calixto García la poca excitación causada entre los esclavos de Cuba por la ley anómala que da sólo, después de 8 años de prueba, su libertad a los negros leales de Cuba. Habiendo alguno más bien indiscretamente observado que, más tarde o más temprano, Cuba realizaría su independencia, Calixto García miró fijamente a su interlocutor y dijo que no sería en manera alguna fácil empresa porque los cubanos estaban muy divididos entre sí, simpatizando los blancos, casi todos individualmente de corazón, con las ideas de autonomía, fuera de algunos que fluctuaban a causa de los riesgos de la empresa, y vacilando otros por temor a una guerra civil con los negros y mulatos si Cuba quedara libre. Ni una palabra de reproche pronunció el ex jefe de los autonomistas contra los liberales de Cuba o contra aquellos que le habían dejado en el atolladero en su última tentativa;  pero tuvo una sonrisa de desprecio y una triste riza de ironía cuando alguien hizo notar que en las guerras Carlista y Cubana los [...] y hombres previsores que se habían puesto del lado de la causa victoriosa ciertamente se habían arreglado para sacar sus puestos o mejorar sus porvenires. 
Me aventuré a preguntarle su opinión sobre las reformas arancelarias y los tratados de comercio que el gobierno de Madrid deseaba utilizar como medio de pacificar a los criollos, imitando a este respecto la política de conciliación inaugurada por el Capitán General Campos y continuada por el General Blanco.

Madrid  y Washington.
Calixto García muy de su grado se complacía con este tema y expresaba la opinión de que tal política comercial y económica podía hacer mucho pacificar a los cubanos y para fortalecer la influencia española en las Indias  Occidentales.  Sin embargo manifestaba grandes dudas en primer lugar respecto a éxito de las negociaciones con los Estados Unidos, donde los Estados del Sur y el interés proteccionista son tan fuertemente contrarios a rebajar los derechos sobre los azúcares, y, en segundo lugar, parecía dudar que en Washington se confiara en la sinceridad de las negociaciones de España puesto que España en vezde negociaciones comerciales con los poderes extranjeros, siempre trata de obtener muchas concesiones cuando ella misma ofrece concesiones. 
Calixto García está persuadido de que esta prosperidad de Cuba se desenvolverá rápidamente si España fuera abolir los derechos diferenciales de bandera, los otros de exportación y sobre todo los derechos sobre el trigo, la harina y todos los artículos de alimentación y diario consumo que pudieran ser traídos de los Estados Unidos con baratos fletes.
El parece suponer que tales reformas en los aranceles cubanos inducirían a los Estados Unidos a rebajar los derechos sobre las azúcares y tal vez cambien los derechos sobre los vinos y […] de España. 
También habló calurosamente de los ilegales monopolios de que gozan en Cuba los exportadores de España y de la ridícula anomalía que aun obligan a los azúcares y a las mieles de Cuba a pagar gravosos derechos en España para favorecer a algunos manufactureros de muy mala azúcar de remolacha, ciertamente de Málaga. 
Poco se dijo en nuestra conversación del futuro de Cuba y Calixto García no ocultó que él pensaba que las reformas arancelarias y un convenio con los Estados Unidos eran las únicas medidas que podían eventualmente aliviar la Hacienda de Cuba de sus presentes apuros. 
En resumen, me llamaron mucho la atención los fríos y muy imparciales conceptos de este ex jefe de los autonomistas cubanos y encuentro en él mucho más de su antigua profesión, la abogacía[3], que del legendario presidente y general de un gobierno insurgente en las ciénagas y montañas de Cuba.
Los generales españoles lo acreditan por completo por haber sido el más humano y civilizado entre los irreconciliables enemigos de la madre patria.  Su influencia es aun grande en la Isla de Cuba y el gobierno español le demuestra marcado respeto, tanto que ha tenido largas conferencias con el Sr. Cánovas del Castillo y sus colegas. Aseguran [que] la neutralidad de tal jefe se considera de más importancia que la sumisión de todas la tribu de vagamundos [Sic.] y aventureros que fueron ganados por el tratado del Zanjón, cuando tantos ex jefes se retiraron a la América Central y a Jamaica a gozar de los tesoros de sus campañas en la Perla de las Antillas.

N. York- Herald- Nov 1 de 1880

 

[1] En el momento de la entrevista Calixto tenía 41 años de su edad.
[2] El General nunca estuvo en Remedios durante la Guerra Chiquita.
[3] Calixto nunca fue abogado y jamás tuvo ocupación ninguna que se relacionara con ese oficio.

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