En:
Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, Legajo 472, Número 50.
Al
parecer publicada en New York Herald, el 1 de Noviembre de 1880. (Manuscrito)
Calixto
García
Entrevista
con el Jefe cubano en Madrid.
Sus
opiniones sobre los negros, Autonomía, reforma arancelaria ytratados con
América
Madrid
17 Octubre 1880
La
herida era tan peligrosa que los cirujanos españoles pensaron que el jefe
cubano no viviría y el general Concha lo indultó. Cuando el criollo se recobró
fue enviado a España para ser encerrado bajo cerrojo y llave, y el gobierno del
general Serrano lo trató bondadosamente en comparación a los sucios torreones
de las fuentes de la Cabaña en que la humedad y la oscuridad hicieron morir más
cubanos aun que los consejos de guerra del Conde de Balmaseda.
Cuando
tuvo lugar la restauración de los Borbones, Calixto García estuvo preso en
varias fortalezas y finalmente en la de Pamplona. Transcurrieron dos años más y
una mañana el ex-vice presidente de “Cuba libre” oyó un general listo, el
Warwick que había hecho un rey, usando de halagos y
promesas había decidido el más fiero jefe de la “manigua” a firmar el
tratado del Zanjón. Calixto García se asombró casi tanto en Marzo, 1878, de que iba a ser libre, como de oír que el
General [Arsenio Martínez] Campos y los jefes cubanos habían estipulado la
libertad para los negros que habían tomado las armas contra España mientras sus
leales compatriotas, los pobres zambos de las plantaciones iban a continuar
siendo las dotaciones de los hacendados y esclavos a los ojos de la ley.
Calixto
García enseguida supo en 1878 que podría ir donde quisiera, dejó a España por
los Estados Unidos, pero nunca prestó juramento de fidelidad o hizo constar su
aceptación a la pacificación del Zanjón.
Es
ahora asunto de interés histórico saber en esta singular entrevista si cooperó
activamente en preparar el segundo levantamiento de Cuba, cómo se unió a los
criollos cuando la lucha era casi desesperada, y cómo durante semanas y meses
desafió las numerosas columnas y guerrillas del general Blanco en las montañas
del Departamento Oriental hasta que, según el mismo confiesa, se rindió para no
prolongar una lucha inútil perjudicial para su isla nativa.
Modesta
actitud
Parece
increíble que la atrevida, inquieta, entusiasta y fogosa naturaleza que tal
carrera revela pueda ocultarse bajo la modesta y tranquila actitud que
ciertamente conquista aún la simpatía de los extraños.
Ni
una palabra rencorosa para sus vencedores, ni una expresión de imprudente odio
o cólera contra los adversarios que había combatido durante años, ni una
exclamación de la amarga animosidad de los criollos para con los españoles se
escapó de los labios de Calixto García en una conversación de cerca de tres
cuarto de hora. Una vez, sólo al hacer notar la señora que visitábamos,
maliciosamente, que él era una figura conspicua en Madrid y que también lo
había sido en dos y podía serlo en una tercera lucha, Calixto levantó la cabeza
con gran decisión y en ligero tinte de tristeza, haciendo notar que su vida
activa había concluido, que todo lo que deseaba era cuidar sus hijos y que no
tomaría parte en más aventuras que correspondían a hombres más jóvenes que él. Habló
en muy encomiástico sentido del general Blanco y del trato que le había dado a
él y otros cubanos que se habían rendido. Dijo que había encontrado mayor
deferencia en el general Blanco que en Concha en 1874.
Vagando
en las montañas de los distritos de Santiago de Cuba y Remedios[2]
pronto descubrió que la apatía de los negros y el cansancio de los blancos
hacía su lucha desesperada, y entonces supo de sus amigos y simpatizadores en
las ciudades que el general Blanco había ofrecido vida y libertad fuera de Cuba
a los que se rindieran. Entonces ocurrió que se entregó con su pequeña partida
en la inteligencia de que sería llevado a España y allí dejado en
libertad.
Fue
trasladado directamente del Departamento Oriental en un buque de guerra que en
la bahía de la Habana permaneció algunos días, donde vio a sus amigos y
parientes antes de ser trasladado a Santander.
A
su llegada a España el gobierno de Madrid no entendió completamente las
condiciones concedidas por el general Blanco y de aquí su conducción a Cádiz y
al Castillo de Alicante. Allí se le
trato bien hasta que habiendo sido consultado de nuevo, el general Blanco por
telégrafo envió la petición de que se permitiera a Calixto García y a su
séquito vivir en España en perfecta libertad conforme a su promesa. El gobierno de Madrid accedió a lo pedido por
el general Blanco y no sólo Calixto García sino su secretario y algunos otros
cubanos han sido puestos en libertad. Hasta el gabinete ha telegrafiado al
general Blanco que si él no encuentra inconveniente en ello, el gobierno del rey
Alfonso desea mostrar su clemencia a todos los cubanos prisioneros en la Islas
Baleares, en las fortalezas peninsulares y en los establecimientos del Norte de
África por motivos políticos.
Su
amor a la libertad
Calixto
García lleva una vida solitaria, no tratándose más que con cubanos y algunos
parientes con los cuales vive. Aborrece
la idea de que lo hagan un [...]o de ser repreguntado y no es fácil inducirle a
dar su opinión sobre los asuntos de Cuba. Con todo no creo indiscreto decir que
atribuye la quietísima manera con que los esclavos de Cuba se han sometido a la
ley de lenta y gradual emancipación, votada por las Cortes el año último, al
hecho de que todos los negros más turbulentos y más inteligentes se habían
unido a los dos alzamientos y obtenido así su libertad bajó el tratado de
Pacificación del Zanjón del general Campos.
El
resto de los negros fue la buena y dócil mayoría que no podía hacer nada sin
los ya citados elementos. Por otra parte, en el Departamento Oriental y
Distritos desafectos, todos los negros se habían unido a la rebelión o sido
emancipados por sus propietarios como medida de precaución. A estas razones
atribuye Calixto García la poca excitación causada entre los esclavos de Cuba
por la ley anómala que da sólo, después de 8 años de prueba, su libertad a los
negros leales de Cuba. Habiendo alguno más bien indiscretamente observado que,
más tarde o más temprano, Cuba realizaría su independencia, Calixto García miró
fijamente a su interlocutor y dijo que no sería en manera alguna fácil empresa
porque los cubanos estaban muy divididos entre sí, simpatizando los blancos,
casi todos individualmente de corazón, con las ideas de autonomía, fuera de
algunos que fluctuaban a causa de los riesgos de la empresa, y vacilando otros
por temor a una guerra civil con los negros y mulatos si Cuba quedara libre. Ni
una palabra de reproche pronunció el ex jefe de los autonomistas contra los
liberales de Cuba o contra aquellos que le habían dejado en el atolladero en su
última tentativa; pero tuvo una sonrisa
de desprecio y una triste riza de ironía cuando alguien hizo notar que en las guerras
Carlista y Cubana los [...] y hombres previsores que se habían puesto del lado
de la causa victoriosa ciertamente se habían arreglado para sacar sus puestos o
mejorar sus porvenires.
Me
aventuré a preguntarle su opinión sobre las reformas arancelarias y los
tratados de comercio que el gobierno de Madrid deseaba utilizar como medio de
pacificar a los criollos, imitando a este respecto la política de conciliación
inaugurada por el Capitán General Campos y continuada por el General Blanco.
Madrid y Washington.
Calixto
García muy de su grado se complacía con este tema y expresaba la opinión de que
tal política comercial y económica podía hacer mucho pacificar a los cubanos y
para fortalecer la influencia española en las Indias Occidentales.
Sin embargo manifestaba grandes dudas en primer lugar respecto a éxito
de las negociaciones con los Estados Unidos, donde los Estados del Sur y el
interés proteccionista son tan fuertemente contrarios a rebajar los derechos
sobre los azúcares, y, en segundo lugar, parecía dudar que en Washington se confiara
en la sinceridad de las negociaciones de España puesto que España en vezde negociaciones
comerciales con los poderes extranjeros, siempre trata de obtener muchas
concesiones cuando ella misma ofrece concesiones.
Calixto
García está persuadido de que esta prosperidad de Cuba se desenvolverá
rápidamente si España fuera abolir los derechos diferenciales de bandera, los
otros de exportación y sobre todo los derechos sobre el trigo, la harina y
todos los artículos de alimentación y diario consumo que pudieran ser traídos
de los Estados Unidos con baratos fletes.
El
parece suponer que tales reformas en los aranceles cubanos inducirían a los
Estados Unidos a rebajar los derechos sobre las azúcares y tal vez cambien los
derechos sobre los vinos y […] de España.
También
habló calurosamente de los ilegales monopolios de que gozan en Cuba los
exportadores de España y de la ridícula anomalía que aun obligan a los azúcares
y a las mieles de Cuba a pagar gravosos derechos en España para favorecer a
algunos manufactureros de muy mala azúcar de remolacha, ciertamente de
Málaga.
Poco
se dijo en nuestra conversación del futuro de Cuba y Calixto García no ocultó
que él pensaba que las reformas arancelarias y un convenio con los Estados
Unidos eran las únicas medidas que podían eventualmente aliviar la Hacienda de
Cuba de sus presentes apuros.
En
resumen, me llamaron mucho la atención los fríos y muy imparciales conceptos de
este ex jefe de los autonomistas cubanos y encuentro en él mucho más de su
antigua profesión, la abogacía[3],
que del legendario presidente y general de un gobierno insurgente en las
ciénagas y montañas de Cuba.
Los
generales españoles lo acreditan por completo por haber sido el más humano y
civilizado entre los irreconciliables enemigos de la madre patria. Su influencia es aun grande en la Isla de
Cuba y el gobierno español le demuestra marcado respeto, tanto que ha tenido
largas conferencias con el Sr. Cánovas del Castillo y sus colegas. Aseguran [que]
la neutralidad de tal jefe se considera de más importancia que la sumisión de
todas la tribu de vagamundos [Sic.] y aventureros que fueron ganados por el
tratado del Zanjón, cuando tantos ex jefes se retiraron a la América Central y a
Jamaica a gozar de los tesoros de sus campañas en la Perla de las Antillas.
N.
York- Herald- Nov 1 de 1880
No hay comentarios:
Publicar un comentario